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    LOS RECURSOS NATURALES, EL TERRITORIO Y LA SOBERANÍA

    El tema de los recursos naturales en la actualidad es uno de los ejes que mayor atención merece dentro de las discusiones políticas en las que se enmarca la sociedad contemporánea tanto a nivel nacional como a nivel mundial. Este tema resulta importante por varias razones, dado que puede ser abordado desde diferentes aristas y bajo posturas disímiles que tienden a entrar en conflicto, y que en su contenido de fondo se plantean las formas en que se estructura o se debe estructurar la sociedad y las relaciones que existen entre agentes como el mercado, el Estado y la(s) sociedad(es) en general.

    En primer lugar, una de las discusiones que se presenta de manera explicita dentro de los escenarios políticos hegemónicos como también en los contrahegemónicos es el de la explotación irracional de los recursos naturales que, en últimas, garantizan la posibilidad de supervivencia del género humano en su conjunto.

    Frente a esta situación son variadas las posturas sobre las cuales se desenvuelven las miradas reflexivas del problema; de una parte los discursos hegemónicos y dominantes hacen hincapié en el denominado desarrollo sostenible, que busca generar regulaciones coordinadas desde organismos multilaterales a los procesos de producción en miras a la disminución de la contaminación; regulaciones que por lo general no son cumplidas por las potencias industrializadas y que en ningún momento se plantean el cambio del sistema económico capitalista, que intrínsecamente supone una exagerada explotación de recursos naturales y energéticos, basada en una incesante y voraz sociedad del consumo que permite cumplir una de las metas del capitalismo como sistema: El crecimiento económico constante.

    Existen también miradas ecologistas y ambientalistas que ven en los recursos naturales y en su explotación un problema centrado en la afectación de los ecosistemas como pilar fundamental de la vida y la sobrevivencia. Bajo esta perspectiva son muchas las posturas que igualmente entran en discusión; existen desde algunas que tienden a unir esfuerzos en miras a hacer efectivo el desarrollo sostenible, mientras que otras plantean una crítica a la sociedad de consumo y por ello promueven transformar las formas y los hábitos sociales con respecto a la forma en que se produce y consume (procesos que son inseparables).

    En algunos casos las expresiones críticas en esta materia desde el ambientalismo evolucionan al cuestionamiento de la estructura misma del sistema y se proponen alternativas como el ecosocialismo que busca materializar propuestas de cambio en la forma en que se disponen, controlan y organizan las fuerzas productivas de la sociedad al tiempo que se buscar las maneras de generar escenarios más armónicos entre las actividades sociales y las condiciones naturales que las soportan.

    El ecosocialismo reúne el problema de lo ambiental y de lo sociopolítico poniendo como eje las relaciones económicas en torno a los recursos naturales y a las formas en que se organiza la sociedad, no obstante esta propuesta en la practica no es más que eso, una propuesta. En la realidad, el problema de los recursos naturales lejos de centrarse en la dimensión de lo ambiental supone una gran cantidad de dimensiones que merecen un profundo esfuerzo de reflexión, propuesta y acción.

    De una parte la explotación de los recursos naturales se enmarca en las relaciones de dominación globales Norte-Sur, la cual es la prorroga de las dominaciones coloniales que supone la división internacional del trabajo, en la cual los países del sur, dominados y dependientes, mantienen una fuerte especialización en economías extractivas, tanto de materias primas y recursos energéticos que, a la postre, son elemento fundamental para el dinamismo del desarrollo en los países del norte, que por medio del desarrollo técnico y del dominio del sector industrial, imponen modelos políticos, económicos y culturales al resto del mundo.

    El caso de los Estados Unidos es ejemplar para evidenciar la forma de funcionamiento de estas relaciones político-económicas. Actualmente esta potencia mundial tiene cerca de 300 millones de habitantes, es decir menos del 5% de la población mundial, y sin embargo consume más del 35% de los recursos energéticos, generando por lo menos dos fenómenos asociados a este aspecto: de una parte promueve y acrecienta un agigantado desequilibrio del consumo energético per-capita entre los países del sur y del norte, al tiempo que incentiva la explotación de recursos a los largo y ancho del planeta en procura del beneficio interno de su país.

    Sólo de esta manera es posible que los ciudadanos de los países del norte tengan capacidad de consumo –y desperdicio- tan avasallante y solo de esta forma se puede mantener una economía basada en el consumo y la producción irracional de bienes. Entonces ello supone por lo menos las siguientes reflexiones:

    1.    Una acumulación de recursos naturales y energéticos es una acumulación de capital, una acumulación que se traduce en la imposición de modelos de dominación económica y política que se enmascara bajo panaceas como el desarrollo y el progreso. ¿Por qué? Porque los países que tienen el control de los recursos y la energía tienen el control de las fuerzas productivas, es decir, de la producción de bienes y servicios. Estos países son quienes se benefician de la explotación de los recursos naturales y energéticos porque con ellos producen lo que se consume en el mercado mundial, en una palabra, los países del norte son aquellos que se apropian de la explotación de recursos naturales y con ellos realizan los procesos de transformación que generan riquezas relegando a los países del sur a la dependencia de las economías extractivas.    

    2.    El denominado estilo de vida americano que según el discurso hegemónico es la expresión de la democracia y la libertad, se sustenta en relaciones de explotación Norte-sur en por lo menos un sentido: los países del norte promueven la explotación de recursos en el sur para mantener sus economías dinámicas y en constante crecimiento. ¿Entonces acaso es libre y democrático un sistema que se basa en la explotación de unas naciones por otras y que implica una amplia desigualdad en el acceso a recursos de uno y otro pueblo?

    3.    Si los países del norte tienen un consumo percápita mucho más alto que el de los países del sur, ¿acaso no se puede pensar en organizaciones de la sociedad distintas que equilibren el acceso a recursos y que por sobretodo sean más armónicos con los ecosistemas naturales? En otras palabras esta pregunta puede suponer la siguiente: dadas las relaciones consumo entre unos y otros ¿acaso no son los países del norte los responsables directos de los problemas ambientales que en la actualidad se sufren globalmente?  ¿Por qué, entonces, el problema de la sostenibilidad es un problema de todas las naciones del planeta?

    ¿Como lo hacen?

    Si otrora, las formas en que se generaban las relaciones de dominación entre el norte y el sur se gestaban por una institución formal: la colonia, en la cual los intereses de las metrópolis se plasmaban sin reparo alguno sobre las regiones colonizadas, y de las cuales se extraían recursos y riquezas para las potencias imperiales europeas, hoy la situación cambia en forma pero no en sus elementos fundamentales.

    Salvo contadísimas excepciones, nunca ha existido en America posthispánica una real independencia. La abolición de la colonia no se reflejo en absoluto en nuevas formas de interacción entre el norte y el sur y más bien se recompusieron las lógicas de explotación y dominación. Basta con verse el panorama contemporáneo:

    En Colombia, por ejemplo, las economías extractivas son el sector de mayor importancia en la economía nacional. La mayor parte de la inversión extranjera directa se realiza en minería e hidrocarburos y estos son los sectores que, igual –y curiosamente-, mayor utilidad presentan. En otras palabras, lo que más riqueza genera en el país esta cooptado o dominado por el capital internacional. ¿Por qué? Según los discursos oficiales la inversión extranjera se justifica por varias razones, entre otras y principalmente porque solo las empresas transnacionales tienen el capital y la tecnología para intervenir a gran escala en estos sectores; en segundo lugar, porque la inversión extranjera atrae divisas y genera empleo, y en tercer lugar porque no existen empresas nacionales privadas que puedan intervenir en estos sectores con eficiencia por su atraso tecnológico y por su limitado capital y porque bajo esta mirada las empresas estatales son ineficientes y corruptas.

    Sin embargo cada uno de estos argumentos es fuertemente debatible, en gran medida porque la tecnología y el capital de estas empresas multinacionales o transnacionales no necesariamente son propios de estas, ya que son adquiridas por asociaciones de diverso tipo. Pero más allá de los argumentos en contra de este tipo de discurso hegemónico, lo cierto es que en países como Colombia, las economías extractivas entre muchos otros elementos presentan las siguientes características:

    1.    Son uno de los renglones económicos más importantes –cuando no mas importante- en la nación.

    2.    Están dominados en su gran mayoría por multinacionales o trasnacionales o en el mejor de los escenarios por empresas mixtas.

    3.    La utilidad y la riqueza proveniente de este sector, la domina el capital privado y en una proporción muy importante termina saliendo del país.

    4.    Las legislaciones son flexibles y beneficiosas al capital multinacional al tener bajos aranceles y tasas tributarias y una gran cantidad de mecanismos que le ayudan en su actuar y que varían según el sector del que se trate (petróleo, minería, agua, etc.)

    5.    Los acuerdos que se generar como medida de recompensa a la nación tienden a ser violados o son desiguales en su esencia (Por ejemplo: figura de regalías)

    6.    En las regiones donde existen fuentes de recursos naturales, las condiciones sociales y la calidad de vida de las comunidades tiende a agravarse cuando los recursos son explotados, bien sea por el aumento de los costos de vida o por las afectaciones directas o indirectas que traen las dinámicas de explotación.

    7.    Allí donde se produce la extracción de recursos, existe una afectación ambiental que difícilmente puede mitigarse y mucho menos recomponerse.

    Pero a pesar de los atentados contra la soberanía nacional, contra la dignidad de las comunidades, contra los ecosistemas y contra la equidad económica, las multinacionales son omnipresentes en la explotación de los recursos naturales. ¿Por qué?

    La explicación aunque extensa y compleja puede sintetizarse para facilitar su comprensión De una parte las multinacionales no sólo tienen ingerencia en las actividades comerciales, productivas y extractivas, también son agentes decisivos en las dimensiones políticas y macroeconómicas de las naciones; lo son porque el poder generado por el dinero que obtienen y su coalición con sectores estratégicos en el funcionamiento de las países sujetos a las lógicas capitalistas, las convierte en los nervios y los músculos de la mano invisible atrás del mercado y los gobiernos.

    La alianza entre los grandes capitales y los Estados es una característica intrínseca de las multinacionales y transnacionales del sistema capitalista. Estas para su expansión necesitan dominar las decisiones políticas tanto de las grandes potencias como de los países dependientes. Y para ello se recurre al beneplácito de los gobiernos, de los sectores multilaterales o, en su defecto, a la imposición de la fuerza como medio de justificado de acción.

    Véase algunos ejemplos:

    1.    Por un lado están los permanentes y cuantiosos acuerdos y tratados comerciales entre Estados que han dado vía libre a la ingerencia de Transnacionales y Multinacionales en los territorios de todo el globo.

    2.    Es una constante entre las agendas políticas e incluso entre los miembros de los Estados nacionales la presencia de figuras que están detrás de los intereses de los grandes capitales que a su vez son pieza clave dentro del funcionamiento mismo de los gobiernos en relación a su política macroeconómica centrada generalmente en el crecimiento de los PIB.

    3.    Consecuentemente, es común que los grandes capitales y los sectores dominantes lleguen al poder gubernamental de las naciones, por medio de acuerdos políticos que tienden a tener a agentes propios y extranjeros. Para ello, los mecanismos electorales se han convertido en una pieza clave para dotar de un discurso de legitimidad al interés hegemónico.

    4.    Las diferentes guerras en oriente medio, las dictaduras en America, África o Asía apoyadas por las potencias y, como en el caso de nuestro país, las alianzas entre las fuerzas militares internacionales, nacionales, los grupos paramilitares y los grandes capitales han sido la punta de lanza de las nuevas formas de conquista del territorio para la extracción de recursos. 

    Justamente de esto se trata: de formas de conquista del territorio. Son nuevos y diferentes procedimientos en comparación a los utilizados por los imperios europeos de antaño, pero su objetivo y fondo es el mismo.

    Multinacionales, tratados políticos y comerciales, acciones militares que se autonombran redentoras de la paz y la seguridad mundial, plataformas electorales de antemano encaminadas a los intereses económicos de las grandes potencias, entre otra suerte de acciones y maniobras, han remplazado a los virreinatos, las misiones religiosas, las cadenas, las cruces y los látigos. Pero en el fondo la realidad es la misma: En nuestros territorios se explotan los recursos para saciar los bolsillos ajenos y con ello la esclavitud y la condena (maniatada o deslumbrante) se dan como pago a las comunidades existentes.

    Nos encontramos entonces con un conflicto surgido por la intromisión de lógicas imperiales en nuestros países dependientes, concepto que resulta pertinente aún hoy en día; concepto que lejos de ser simplista, emana de las relaciones existentes y que implica respuesta concreta de las organizaciones sociales.

    La propuesta:

    La movilización social tiene que ser una plataforma de resultados concretos y autónomos. Su accionar no puede tener como horizonte cambios en la legislación ni procesos de transición en el que se siga aceptando a las multinacionales y las trasnacionales.  

    Los procesos de transición no cambian el escenario actual. No lo son porque supone una mera regulación, en la medida que mantiene a las multinacionales y trasnacionales en el territorio. Las regulaciones son violadas fácilmente por el gran capital ¿Por que? Porque el gran capital funciona únicamente con la complicidad del Estado y no lo podría hacer de otra forma. Por eso es iluso pensar que por medio de las plataformas parlamentaristas y legalistas insertas en el mismo Estado se pueda atacar el gran capital en su estructura.

    En esa medida tener como objetivo último un cambio en las políticas públicas es poner el esfuerzo de la movilización social en un costal roto, porque un modelo de transición que mantenga a la multinacional en el territorio, mantiene la influencia de estas sobre el poder político, esa es la forma en que actúan las multinacionales. 

    Expulsar la influencia de las multinacionales en el aparato político Colombiano (o de cualquier país) implica expulsar a las multinacionales del territorio. Ese es el objetivo último de un movimiento social que realmente reivindique la soberanía. Ese es el horizonte de la RED en este eje de acumulación.  

    No se trata de pregonar por la estatalización de las empresas, porque con ello no se soluciona el problema de fondo: las lógicas capitalistas de la economía (especialmente de los sectores estratégicos), ni se logra eliminar las relaciones de dependencia con los países del norte que impone las reglas del mercado mundial.

    Se trata de fortalecer los procesos de movilización social en resistencia, valiéndonos de las experiencias de enfrentamiento a las transnacionales y multinacionales, que han permitido mantener la soberanía sobre el territorio. La unión de fuerzas en miras a la expropiación del gran capital es el objetivo y para ello le apostamos a:

    1.    Formación académica en los elementos y la complejidad intrínseca que componen el tema de los recursos naturales.

    2.    Visibilización de las prácticas del gran capital en la nación y en especial en la forma en que sistemáticamente viola los derechos humanos a la hora de insertarse en el territorio.

    3.    Apropiación teórica y práctica de las realidades regionales que puedan ser focos de experiencia para avanzar en la construcción de territorios libres y soberanos.

    4.    Construcción de alternativas frente a la explotación, comercialización, distribución y consumo de recursos naturales y energéticos, local, nacional y globalmente.

    5.    Acción conjunta con movimientos sociales nacionales e internacionales.

    6.    Interiorización, aporte y fortalecimiento de los movimientos sociales en contra de las economías extractivas del gran capital y de las luchas populares que construyen real soberanía.

    El objetivo último es eliminar las relaciones de dependencia Norte-Sur y para ello la estrategia es la expulsión del gran capital y las lógicas capitalistas de los sectores económicos estratégicos (incluyendo los recursos naturales). De antemano el objetivo sabemos que es de difícil alcance, pero más vale creer en realizar lo irrealizable que realizar lo perversamente realizable.

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